El Castillo de Peñíscola y los Templarios

Castillo de PeñíscolaEl castillo de Peñíscola, construido por la misteriosa Orden de los Templarios, fue el refugio de Benedicto XIII durante su exilio en España. Esta ciudad se precia de ser una de las tres Sedes Pontificias que ha habido a lo largo de la historia.

Peñíscola se asienta sobre una escarpado peñón repleto de agua dulce. Los fenicios fueron los primeros en bautizarla: la llamaron Tyriche, en recuerdo de Tiro. Para los griegos fue Chorsonosus, y para los romanos Cartago Vetus. Tras la dominación árabe, esta villa perteneció primero a la Orden de los Templarios, y sucesivamente, a la de San Juan de Jerusalén y a la de Montesa.

Una plaza estratégica en el Mediterráneo

Pero fueron los Templarios quienes dejaron en la ciudad la huella más profunda: su fortaleza. Sobre las ruinas de la alcazaba árabe construyeron un fabuloso castillo a imagen y semejanza de los de Tierra Santa. La obra se realizó entre 1294 y 1307. Los escudos de sus comendadores, frey Berenguer de Cardona, Maestre Templario en Aragón y Cataluña, y frey Arnaldo de Anyuls, comendador de Peñíscola, aún se conservan esculpidos sobre las puertas de acceso al castillo y a la basílica.

El castillo (del que se ha dicho que es ‘como una mágica caracola en la que resuena el tiempo que se va haciendo eternidad’) es famoso por haber acogido a uno de los papas más controvertidos de la historia, Benedicto XIII, el Papa Luna. Don Pedro de Luna, que así se llamaba, nació en 1375 en el seno de uno de los doce grandes linajes de Aragón y fue nombrado Papa en 1394.

El Papa Luna en Peñíscola

Era una época de enormes lucha entre el poder religioso y el político: Gregorio XI había provocado el Gran Cisma de Occidente trasladándose de Avignon a Roma. Su sucesor, Clemente VII, decidió regresar a la ciudad francesa, pero los enfrentamientos se recrudecieron cuando don Pedro de Luna fue nombrado Papa. Finalmente el pontífice logró escapar a Peñíscola, donde estableció la nueva Sede Episcopal.

El Papa Luna fue recibido por un pueblo volcado con su señor. Benedicto XIII, que siempre creyó que su nombramiento estaba asistido por el Espíritu Santo, vivió en el castillo hasta el día de su muerte, el 23 de mayo de 1423. Aquí se conserva, en las habitaciones pontificias, en el salón del cónclave, en el tesoro, el recuerdo del Papa Luna y de su sucesor, Clemente VIII, segundo Papa de Peñíscola.

Peñíscola ciudad medieval

Peñíscola es oficialmente ciudad desde el año 1709, cuando Felipe V concedió este título en reconocimiento a su resistencia de las tropas partidarias de Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión. Las empedradas callejuelas de la ciudad conservan todavía la magia que sedujo al Duque de Anjou.

La contemplación de las Murallas, del Santuario de la Mare de Deu Ermitana o de la Iglesia de la Virgen del Socorro, con el sordo y tenebroso rugir del Bufador (un rompeolas excavado por el mar bajo el propio peñón) de fondo, nos trasladará de inmediato a una época fascinante. Es algo que sólo ocurre en lugares tan privilegiados de Castellón como Peñíscola o la mágica Morella.

Imagen: ECK

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